20081030

No me atropelló un minibús, sino la vida...


Encontrarme de repente con Quique, a tres cuadras de mi casa, y por ende con el foro de la generación zunista a la que pertenezco, me ha hecho reflexionar sobre algunas cosas, y recordar muchos momentos y personas que ya habían juntado polvo en mi memoria.

...Un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre...
Octavio Paz

Recuerdo con especial afecto, entre los compañeros, a Azucena Macías, viva imagen de su nombre, y a Memo González Valdivia, y Héctor Alejandro Gómez «El Mafafo» (sé que odia el apodo, pero así lo conocíamos); entre los docentes, a Alicia Mendo y Lupita Grajeda.
Me recuerdo a mí mismo. Quienes me recuerdan greñudo y jipioso, comunistoide y existencialista –comenzando por Quique y por mí mismo–, quizás consideren inverosímil verme ahora con cabello en casquete rebajado, uniformado y madrugrando en domingo para liriar chiquillos ajenos (¿me recuerdas diciendo que los niños en cuanto más lejos estaban mejor?), además de los propios.
Me recuerdo de quince, dieciséis años, y al verme con mis 34 encima, parece que fuéramos dos personas del todo distintas... Algunos aspectos han sido constantes: estudié Letras Hispanoamericanas y sigo siendo más bien ateo; sigo creyendo en el poder de la palabra escrita, aún me resisto a hacer cosas en equipo... Pero de algún modo me doy cuenta ahora que la vida me atropelló, me trastumbó y me mandó por un rumbo diferente al que pretendía seguir.
Ave. Sea. Amén. Es la vida, y eso es lo importante. Extraño de repente la vida bohemia y despreocupada, pero mis hijos, mi familia, pues; los compromisos que he adquirido voluntariamente desde entonces, valen la pena.


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