20120706

El otoño


Las manos me quedaron heladas después de lavar el molino. En la escuela nos dijeron qué día comienza el otoño, pero no me acuerdo. Yo sé cuándo comienza porque me resfrío y los labios se me resecan sin que tenga sed. 

También sé que comenzó porque las manos me quedan frías cada que me mojo y no me las puedo calentar con nada, y los pies se me enfrían en cuanto me pongo los zapatos, y ya no se calientan.
Mi abuela se puso a hacer tamales y se la pasó diciendo que el maíz ya estaba duro, pero seguía rebanando elotes y aventando otros a un lado porque decía que ya eran mazorcas. Yo no sé mucho de eso, a mí me supieron buenos cuando estuvieron.
Ella estaba rebane y rebane, y yo dale y dale con el molino, vuelta y vuelta, y mi tío estuvo partiendo leña con el hacha a medio patio hasta que pasaron unos señores y se puso a tomar con ellos en el lienzo, sacándole filo a una casanga. Dicen los libros que se llama ‘hoz’, pero mi tío siempre le dice ‘casanga’, y a las que tienen dientes les dice ‘rozaderas’.
Yo no sé mucho de eso. Yo sólo sé que hoy comenzó el otoño, porque cuando acabé de moler mi tío me dijo que me tomara un trago de tequila para que dejara de moquear y a ver si me hacía hombre más pronto. Se puso a desarmar el molino y mi abuela me dijo que fuera por agua y me pusiera a lavarlo, que no le quedara ni un pellejito de ese maíz medio morado con el que estaba haciendo los tamales, y cuando acabé las manos me quedaron frías y se me pusieron rasposas.
Mi mamá no deja que mi tío me dé tequila, pero ahora tampoco fue al rancho y me lo tuve que tomar. Mi abuela y yo nos levantamos más temprano que cuando voy a la escuela y nos subimos a unos camiones viejísimos que huelen mucho a Pinol. Hace muchas semanas que mi mamá no va con nosotros. Dice que trabaja mucho y necesita que la dejemos sola para que pueda descansar, y nos vamos con mi tío. Cuando regresamos temprano, como el primer sábado de éstos que ella se quedó, todavía está aquí el doctor que le quita el dolor de cabeza, y ella me dice que me encierre en mi cuarto porque se siente mal y no quiere que haga ruido. Por eso procuramos estar con mi tío hasta que pasa el último camión de regreso, para no estorbarle al doctor y que mi mamá pueda descansar.
Yo no sé nada del rancho. Mi abuela me habla de muchas cosas todos los días. Los domingos hace gordas en el comal con queso y mantequilla, y me cuenta historias hasta que se levanta mi mamá, porque no le gusta que mi abuela hable de eso, y mucho menos que me cuente historias de cuando mi bisabuelo andaba de cristero, que porque nomás me lleno la cabeza de balazos y cosas violentas y luego no puedo dormir.
Mi abuela me dice cómo se siente tomar café de olla en la orilla del pretil antes de que salga el sol, cómo se prende la leña, lo que cantaba con sus hermanas a la hora de tortear; cómo se llama esto y cómo se llama esto, y cuando regreso de la escuela está otra vez a dale y dale: para qué sirve tal cosa, para qué sirve tal otra, cómo se usa, a qué santo hay que encomendarse cada día.
Yo creo le ha de dar lástima que mi tío y mis primos me traten como niño porque no sé hacer lo que ellos hacen, y porque estoy descolorido y no aguanto igual que ellos, y no sé azadonear y me puedo cortar un pie con la casanga.
Mis primos me hacen burla a escondidas porque me tropiezo cuando cargo cubetas con ellos y me mojo la ropa, y una vez los oí diciendo que mi tío dijo que mi mamá tiene ojeras y está descolorida porque en las noches se va con los borrachos a hacer cosas que suenan muy feas, y que mi papá no era mi papá, que soy hijo de un rico borracho que vivía en el pueblo, y que mi papá se murió del coraje cuando le contaron.
Dicen mis primos que por eso mi mamá está enferma de sabe cuántas cosas que no se curan, y que estoy flaco y descolorido como ella porque soy hijo del pecado y nací contagiado, y por eso no me va a salir bigote ni se me va a parar. Ellos nomás repiten lo que dice mi tío. Ellos no saben que cuando es otoño me despierto y lo tengo bien duro, y cuando amanece con mucho frío hasta me duele de lo duro que está.
Yo sé que no es cierto lo que dice mi tío. Mi abuela a cada rato lo regaña porque nomás se emborracha y se pone a decir desatinos, y le dice que respete a mi mamá cuando menos por la memoria de mi papá. Mi abuela dice que ellos dos eran hermanos y se querían mucho, y que a mi tío no le gustó que se casara con mi mamá porque ella no tiene familia y no es del pueblo ni del rancho sino de una ciudad, y mi tío dice que en las ciudades no hay gente decente.
No conocí a mi papá. Dice mi mamá que se mató en una camioneta sin frenos antes de que yo naciera, y que ella se vino a la ciudad porque nadie la respetaba después que se quedó sola, pero dice mi abuela que fue por causa de las cosas que andaba diciendo mi tío por todos lados, y ya no estaba mi papá para decirle que se callara.
Yo nací en la ciudad. Mi abuela vino para cuidarme porque mi mamá tiene que trabajar. Dice mi mamá que somos de la ciudad y por eso somos diferentes, y que mis primos me tienen envidia porque en dos años voy a terminar la primaria y no estoy prieto, y porque no tengo que trabajar como burro, porque no soy ignorante como ellos y mi tío.
Quiero aprender a usar la casanga y todas las cosas que me dice mi abuela. Yo sí quiero ponerme fuerte y prieto para demostrarle a mi tío y a mis primos que sí soy hombre, y que dejen de inventarnos cosas tan feas.
...Ahorita sólo sé que está comenzando el otoño: todavía tengo las manos frías. Mi primo el más chico dice que el lunes comienza la chinga de tumbar el rastrojo, y por eso mi tío sacó un puño de casangas y todos los señores se pusieron a afilar cada uno la suya, porque anoche el cielo se veía quién sabe como. Dentro de una año yo también voy a saber que el otoño comienza cuando todos se ponen a afilar las casangas, y que para entonces el maíz ya no sirve para hacer tamales.
Yo no digo “chinga”. Es una palabra fea. Dice mi mamá que somos personas educadas y por eso no decimos palabras feas. Pero yo dejo a primo que hable como quiera porque es el único que no dice cosas malas de mi mamá.
...Mi abuela me dio un mejoral y me envolvió bien con la cobija, porque estaba estornudando mucho y dijo que estoy resfriado. Tengo los pies fríos. Ya es muy tarde y tengo que ir a la escuela mañana, pero no me gusta dormirme antes que venga al cuarto mi mamá.



  
Inédito. De la serie «Voces».





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