20120401

Consejos de viaje


El mejor maestro para empacar la maleta o la mochila es el primer viaje solo; sea de trabajo, sea de campamento. Sin embargo, es fácil evitar muchas experiencias amargas si sabemos aprender en cabeza ajena.

¿Equipaje o impedimenta?
En la jerga militar, se llama ‘impedimenta’ a todo aquello que retrase la marcha de las tropas: ganado en pie, cónyuge, alimentos en conserva, tanques de agua potable; ropa y calzado de recambio; municiones extra... Catres, cocina, hospital... Así, conviene al viajero examinar su maleta o su mochila ya hechas –sobre todo las empacó mami o la linda mujercita– y evaluar si, echándosela encima, puede caminar sin retrasarse sensiblemente por el peso; si puede llevarla solo, sin emplear más de una mano –mejor aún, si deja libres ambas manos–. Es decir, si es equipo útil, ‘equipaje’, o más bien ‘impedimenta’. En el segundo caso, lo mejor será desbaratarlo todo y dedicar una hora a discernir lo necesario de lo conveniente y, sobre todo, de lo superfluo.
El campista aprende muy rápido a dejar en casa almohada, alpargatas, animales de felpa, piyamas, cobijas adicionales, libros, revistas, raciones extra de comida enlatada, el gran botiquín familiar... Todo aquello que mamá clasifica en la categoría «por si acaso» y ocupa 75 % de la mochila principal. De este modo, nos parece muy aconsejable que el viajero laboral experimente, antes de su primera comisión en otra ciudad o país, una salida de campamento, que le enseñará a empacar un bulto entre 30 y 50 % de su peso corporal, límite aconsejado por los ortopedistas.
Por supuesto que, con esta experiencia previa, tienta preferir a priori la mochila de dos tirantes a la maleta. Pero si se tiene la seguridad que se irá en automóvil de casa a la terminal, que ahí echaremos el equipaje al camarote de carga, en el destino lo tomaremos para subir a otro vehículo y al fin lo botaremos en el hotel o la casa del anfitrión, la pequeña comodidad de una maleta de base rectangular con ruedas y trole bien vale la pena; no así la antigua caja del abuelo forrada en cuero y provista sólo de un asa, que pesa desbalanceadamente sobre la espalda, el hombro y la pierna.
Debe tenerse bien en cuenta el límite ortopédico, pues en cualquier momento puede requerirse abrazar la maleta o echársela sobre la espalda para correr con ella. Una maleta de la que un compañero dice «parece que fulano/a lleva escondida ahí a su mamá», muy probablemente sea excesiva para la capacidad física de su portador, y hay que agradecer esta apreciación empírica... Para que el equipaje no se convierta en impedimenta, debe ser compacto, pequeño y lo más ligero posible... Como una mochila de campamento.

La mitad de ropa, el doble de jabón
En los viajes de trabajo que durarán más de cuatro días, uno de los recursos más eficaces para aligerar el equipaje, además de sacar todo lo que mamá o la esposa no llevarán sobre su propia espalda, es empacar un vestuario básico y creativo –queremos decir ‘clásico’– que pueda repetirse al cabo de dos o tres jornadas sin «parecer retrato», además de un pequeña plancha de viaje y una barra grande de jabón neutro para baño.
Para un viaje de negocios de una a dos semanas, dos a cuatro trajes lisos, oscuros; tres a cinco corbatas de diseño tradicional en colores oscuros y combinables; dos a cuatro camisas lisas, blancas o en colores suaves y combinables con los trajes; un pantalón casual y una o dos playeras polo en colores discretos, son tan presentables como un cambio completo para cada día. Por supuesto, se llevará un solo cinturón y par de zapatos, muy probablemente negros, que combinarán con todo el guardarropa. En clima templado a frío, puede necesitarse una gabardina o sobretodo.
En los viajes para hacer trabajo «de calle» o «de campo», una gorra o sombrero para el sol, tres o cuatro playeras, dos o tres pantalones de trabajo (jeans de mezclilla, pantalones tipo ‘cargo’ u ‘otan’) y botines industriales (los hombres) harán buen papel; si se asistirá a alguna ceremonia o fiesta, se llevará sólo un cambio para ello, acorde con la etiqueta del evento. En clima frío, se agregará una chamarra de grueso medio.
En cuanto a la ropa interior, basta llevar una camiseta por cada camisa de vestir, y una cantidad de calzones y pares de calcetines para un tercio de los días de viaje, previendo que al final de cada jornada se lavará en la regadera o el lavabo toda la ropa usada en el día, para darle tiempo de secar; excepto los trajes, que se procurará no ensuciar, y pantalones de trabajo, que se usarán dos o tres días cuando sea posible y se lavarán cuando haya oportunidad.

¿Doblar, enrollar o colgar?
Si se llevará una mochila como equipaje principal, enrollar la ropa ya doblada y meterla en bolsas impermeables según su tipo, es la mejor manera de optimar espacio y reducir la incidencia de arrugas. Si se empleará una maleta de base rígida o semirrígida, es preferible guardar la ropa sólo doblada. Los trajes, gabardinas y sobretodos tienen el serio inconveniente de que no se pueden doblar ni enrollar, así que forzosamente deben llevarse colgados en ganchos y dentro de un portatrajes, o al menos una bolsa de plástico resistente.
En caso de llevar este tipo de prendas, la mochila es una pieza de equipaje poco conveniente, a no ser que el equipaje secundario sea también una mochila llevada sobre el pecho, pues no suele haber en ellas un medio adecuado para ensamblar portatrajes y nos obligan a usar una mano en ello.

La maleta secundaria
Al igual que en los campamentos se lleva una pequeña mochila impermeable con los objetos más indispensables (bocados de camino, agua, una ración de comida, suéter ligero, impermeable y el equipo mínimo de sobrevivencia), en los viajes de trabajo se debe llevar una mochila, maleta o portafolio suficientemente pequeños para llevarlos encima aun dentro de los vehículos, provistos al menos de una correa para colgarlos del hombro o sobre la espalda y no estorben el traslado de la maleta principal. Los objetos más frágiles y los documentos más delicados irán ahí, siempre al alcance del portador, protegidos de hurtos, golpes, rasgaduras, agua, sol y polvo.
En las circunstancias actuales, muy probablemente se llevarán en la maleta secundaria la computadora portátil, medios electrónicos de almacenamiento, sobres o carpetas confidenciales, una cámara fotográfica compacta, una prenda ligera de abrigo, algunos dulces y medicamentos de prescripción (si es el caso y lo permite la compañía de transporte); pluma y una libreta pequeña.
Si la duración del traslado obliga a pernoctar en el vehículo, también conviene echar el desodorante, un rastrillo desechable nuevo (los hombres), cepillo de dientes, un tubo pequeño de dentífrico, peine y maquillaje (las mujeres), para ponerse presentable al arribar.

Presentación personal
A reserva de opiniones, gustos o alguna exigencia de etiqueta que se atraviese, es recomendable que los hombres lleven el cabello lo más corto posible dentro del buen gusto, si es en plan de negocios, o de plano en casquete rebajado si se hará «trabajo de calle». Esto último ahorrará tiempo muy valioso de aseo y arreglo personal, sobre todo si emplea solamente jabón en vez de champú y otros cosméticos capilares. No se aconseja llevar la cabeza rapada a cero porque implicará riesgo de quemaduras solares o enfriamiento excesivo.
Lo mismo cabe decir de las uñas, incluidas las de los pies, e incluidas las mujeres. Durante un viaje de trabajo, al igual que en una acampada, son mínimas las oportunidades para mantener uñas artificiales, aliviar uñas enterradas, retocar el esmalte o proteger la uña natural de golpes y quiebres. Lo más aconsejable es llevar las de los pies recortadas al ras del dedo, suavizadas las esquinas y sin cosméticos (las mujeres); las de las manos, al ras del dedo (los hombres) o no más largas de 5 mm, adornadas con esmalte transparente o «francés» (las mujeres), que es profesional, elegante y fácil de retocar. Si el viaje se extenderá más de una semana, sería prudente echar al equipaje un cortauñas y una lima.
El maquillaje de las viajeras en plan de negocios debe ser ligero, discreto, fácil y rápido de aplicar, llevando consigo sus cosméticos de confianza (una irritación cutánea en tierra extraña es poco deseable); si no se tiene este conocimiento, conviene adquirirlo y practicarlo al menos con una semana de anticipación al siguiente viaje. En cuanto al vello corporal y facial, hay que considerar una depilación profesional cuando mucho dos días antes del viaje; eso dará alrededor de una semana de despreocupación en este tema.
Los hombres que tengan aversión a esos procedimientos tan femeninos no tienen más remedio que llevar uno o dos rastrillos desechables, nuevos y de buena calidad, y dedicar unos minutos cada día a rasurarse, emparejando cada dos días el bigote y la barba, quienes los usan.

Espacio para los recuerdos
Tanto en la maleta secundaria como en la principal se debe prever desde antes de iniciar un espacio para recuerdos, documentos adicionales y la ropa que quede sucia al final del viaje (habitualmente ocupa más espacio que la limpia). Esto evitará gastar dinero y energía en una tercera maleta o mochila, manteniendo siempre libre al menos una mano para lo que haya necesidad.
El último día de viaje, como la víspera del primero, hay que dedicar una hora a acomodar el equipaje, evitando el muy frecuente y molesto fenómeno de que las cosas que cabían muy bien en la partida, revienten los cierres de la maleta en el regreso.


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