20120901

Nuestra ideología


Todos somos mexicanos y todos tenemos una visión peculiar del México que deseamos. Nuestro deber como pentathletas es realizar esa visión por amor a México, fundados firmemente sobre su realidad humana e histórica; no por amor ciego a una ideología queriendo imponer la «receta» tal como está escrita. 

Cuando queremos aplicar la «receta» de los libros, sin atender a la realidad humana, todas las bondades prometidas se pervierten y sólo producen terror. ¿Qué ocurrió en la URSS cuando Stalin impuso el comunismo leninista sin congruencia alguna con el sentir, creencias y realidad material del pueblo? ¿Dónde quedó el respeto a la dignidad humana, la justicia, la razón y todos esos altos ideales que enumera El capital de Marx? ¿Dónde los encuentra uno cuando habla de Norcorea o de Cuba? Otro tanto podemos decir de los países que, en este albor del siglo XXI, sufren el peso de El Corán, como en la Edad Media y la Reforma Protestante otros sufrieron el de la Biblia; como en la Revolución Francesa, enarbolando la Carta de los Derechos del Hombre, se hizo rodar infinidad de cabezas. 
El PDMU –valga aclarar de una vez– es secular y apolítico como institución, pero promueve y defiende no sólo la libertad ideológica de sus miembros, sino el ejercicio activo de sus creencias fuera de la instrucción y los servicios: el respeto a la pluralidad durante nuestras actividades nos obliga a la neutralidad; allá afuera, nuestro sentido del deber nos obliga a vivir coherentemente tanto con nuestra ideología particular, como con los principios pentathlónicos.
Por eso no está bien que un mando o instructor quiera adoctrinar a la tropa, desde la autoridad que le da su cargo, a favor o en contra de grupo, credo, ideología o partido alguno (lo cual está explícitamente censurado por el Código Fundamental); peor aún, cuando antepone el pronombre ‘nosotros’.
Como precedente y nota al margen, un militar británico advirtió, años antes de nacer el PDMU: «Las ideas extremistas rara vez son buenas: si las vemos a través de la historia, encontraremos que ya alguna vez fueron ensayadas sin éxito en algún lugar».
Basados en esta afirmación, muy cierta en lo general, debería causarnos sorpresa, repudio y alerta que haya en nuestras filas muchachos encandilados por ideologías que la historia ha demostrado erradas, nocivas, aniquiladoras de cuanto hay de sublime en el ser humano: comunismo, fasci-nazismo, fundamentalismo religioso, relativismo-liberalismo... Su presencia en las Unidades de Instrucción es una seria advertencia de que no estamos haciendo bien nuestro trabajo como formadores integrales, que no sembramos a tiempo el amor consciente y autocrítico a su Patria, dejando que otros aprovechen la tierra fértil de sus almas.
Nuestra ideología es nacionalista, desde que fincamos como finalidad suprema La Grandeza de la Patria. ¿Qué nacionalismo profesa el PDMU, según sus textos ideológicos? ¿Uno ciego y fanático, xenófobo, cerrado y autárquico, como el que llevó a Alemania, Italia y España a estrellarse contra el mundo en la primera mitad del siglo XX; como el que quiso imponer aquí el Presidente PE Calles? ¿O bien uno creativo, humano, respetuoso de nuestras realidades y comprometido con el engrandecimiento espiritual, intelectual, corporal y material de  cada uno de los mexicanos, a partir de lo que somos?
Esto pone el acento en un punto sumamente crítico de nuestra propia formación pentahtlónica, y en la formación que ofrecemos al personal: ¿cómo es que a estas alturas un clase u oficial confiese que no sabe cómo es el nacionalismo que profesa el PDMU? Muy honesto de su parte si llega a reconocerlo, pero también preocupante: ¿es que nunca ha tenido en sus manos el Código Fundamental, para leer y comprender estos conceptos esenciales de nuestro ser institucional? ¿Cómo es posible que sus instructores sólo le hayan dicho de palabra, así, secamente, «somos nacionalistas», sin ellos mismos leer (al menos para preparar las academias) el Mensaje al Menor, que es donde más amplio se expone el nacionalismo del Pentathlón? 
Nunca es tarde para empezar. Ya que ha aflorado este delicado punto, que sea la invitación para «echarnos el clavado» a nuestros textos, y que nunca más un mando o instructor se quede conforme con sólo un «somos esto porque sí; no somos aquello porque no»: lo que sí somos, positivamente, es cadetes, no soldados; como cadetes, el arma principal de nuestros muchachos es su intelecto; su munición, el conocimiento bien fundado; sus proveedores, nosotros, los instructores.


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Sabiduría Pentathlónica