20080102

¿Una nueva revolución en México? Da güeva nomás pensarlo


Faltan poco más de dos años... Si la falsa mitología probara ser cierta, para 2010 veremos otra vez la agitación social enseñorearse de México, y conozco gente que no sólo está segura de ello, sino que ya comienza a olfatear los vientos políticos para detectar por dónde comenzará la estampida.

Pero no veo signos reales, ni condiciones realistas, para que ocurra así. La conciencia colectiva ha sido muy bien domesticada por setenta años de presidencialismo, primero, y veinte de globalización económico-política, y con el traslape de ambos periodos coincide esa etapa en la vida de varias generaciones cuando se forman las convicciones personales, se adoptan ideologías y se elige un camino de vida. Y dichas generaciones son, precisamente, las que podrían encabezar la lucha por una causa social, armada o no, o al manos incorporarse temprano a ella. Lo único que ahora sacaría a la gente de atrás de los exbox, las telenovelas, los CSI o los chatrooms, es un atentado directo a su confort... El «estado (¿Estado?) de comodidad» es el verdadero nombre de la situación presente, pues la comodidad es lo que ahora mueve al mundo: el confort alimenta el consumo; el consumismo mantiene la economía en movimiento, y la economía sostiene las estructuras del Estado y el poder.
Además, si alguna presión pudo acumularse para originar un estallido social, el Subcomediante Marcos y su troupé del humor involuntario se encargaron de dejarla escapar sin muchas consecuencias en 1994, mientras que la izquierda organizada –tradicional promotora de las revoluciones durante el siglo xx– se ha vuelto en México una caricatura de sí misma, haciéndole poco favor a su ideología y principios los berrinches y desvaríos seniles de don Cuauhtémoc Cárdenas –curiosamente, fatalmente, encargado por el actual régimen derechista de organizar las celebraciones por el Bicentenario de la Independencia– y la esquizofrenia consetudinaria de payasos como Andrés Manuel López Obrador y, desde Venezuela, Hugo Chávez; por no hablar de la autodescalificación pertinaz de otros líderes morales, como doña Rosario Ibarra, quien ha pasado de encabezar el movimiento por la recuperación de los desaparecidos políticos en los años 70, a la poco honrosa posición de alborotadora anticatólica... en un país mayoritariamente católico.
La derecha, también, se encuentra en mala posición para agitar las ramas del árbol... La manzana podrida le caería encima, teniendo a sus alas moderadas en la cabeza del poder: el Ejecutivo está en manos de Acción Nacional, y la mitad del Legislativo pertenece a los deudos reaccionarios del Presidencialismo, mientras que los ultracatólicos y los fascistas no encuentran aún la fórmula para adquirir estructura propia, y prefieren volar a ras del suelo con las alas timoratas de los panistas y priistas, o prevaricar a sotto voce en los sótanos de sus universidades y cofradías, pues hasta las organizaciones civiles creadas o impulsadas por ellos se asustan en cuanto los viejos mencionan con unción los nombres de Francisco Franco, Adolf Hitler, José María Escrivá o Miguel Miramón.
Que el árbol necesita una sacudida de vez en cuando, es cierto; también una poda, valga decir. Pero que eso ocurra en 2010, lo dudo mucho. El «estado de la cuestión» es que apenas parecemos llegar a un «estado de la cuestión»; dicho de otro modo, el árbol abatido por las tormentas apenas comienza a echar retoños, y no conozco ninguna teoría de las revoluciones, roja ni azul, que apoye un movimiento en contra de un enemigo indefinido.
...Lo único que ahora podría sacar a la gente de su tranquilo rincón, sería un atentado directo a su (más o menos relativo) confort. Porque todos, desde las supermansiones Slim o Los Pinos a las casuchas de cartón, pasando por las hamacas «revolucionarias» de la Selva Lacandona, nos hemos construido un acomodo más o menos funcional a las circunstancias que arrastramos desde el sexenio de Carlos Salinas, y apenas comenzamos a recordar –o saber, los más jóvenes– qué se siente respirar sin sobresaltos al menos cinco minutos seguidos. Quitar al rico y al mendigo sus cinco minutos diarios de paz mental –aunque en realidad son varias horas, entre los chat escamoteados a la jornada laboral, los videojuegos y la televisión–, tendrá mayor efecto ahora en la sociedad mexicana que volar ferrocarriles o asaltar un convoy militar... ¿Quién es el primero en sacrificar los suyos?

20090831. Lee otro comenario sobre el tema. 
20100727. Éste es muy concreto.


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