20090917

Wölker


Marzo 16 de 2007 - septiembre 11 de 2009. Norma y yo atestiguamos cuando respiró por primera vez, y cuando espiró la última. Como «La Güera», su bisabuela y matriarca de las mascotas felinas que ha tenido esta familia, sucumbió envenenado.


Nació de cola; lo sé porque ayudé a su madre a limpiarlo y cortarle el cordón umbilical; fue el único macho en la primera camada de «La Güera II». Lo limpié también durante su última hora, cuando los estertores lo hacían vaciarse por todos los orificios del cuerpo.
Ojalá quienes tienen la horrible costumbre de envenenar animales vieran, como vi yo, cuán larga, dolorosa y angustiante es la agonía de un ser que muere así, y vieran cómo llora Inés cada que ve una fotografía o escucha el nombre de su gato favorito.
No culpo a la mano que le dio el cebo, sin embargo. La culpa es nuestra, por dejarlo vagar toda la noche o incluso instigarlo a ello, sabiendo que era malquerido. Sólo reprocho la crueldad y la cobardía humanas.
Agradezco a este animal la gentileza de acompañarnos dos años y medio, dándonos lecciones de vida casi a diario.


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