20120228

El cuchillo de campo (ii): uso rudo


Se debe tener siempre en cuenta que ésta es una herramienta para «aguantar carrilla», así que no debe ser cualquier baratija ni tampoco una joya de metalistería: la solidez en su construcción es la mejor garantía de durabilidad; aunque de cualquier manera siempre conviene llevar respaldo.

En la entrega anterior vimos las características generales del cuchillo de campo y las particularidades que se deben buscar en una herramienta útil y cómoda, según el uso específico que se planea darle o para la mayoría de situaciones. Ahora exponemos algunas sugerencias para elegir un cuchillo confiable y su herramienta de respaldo, sin hacer gastos superfluos.
 
3. Nada de accesorios 
Salvo algún consejo en contrario –que no lo hemos encontrado–, se deben preferir cuchillos con espiga corrida hasta el remate y rehusar la tentación de las medias espigas, más aún si es un recurso para emplear mangos huecos... La capacidad de sobrevivencia del campista está en sus aptitudes, no en los cachivaches almacenados dentro del mango, mal que le pese a «Rambo». Además, en la enorme mayoría de los casos, estos accesorios son de calidad ínfima; es preferible hacerse uno mismo su estuche de sobrevivencia y guardarlo en el bolsillo del pantalón, donde será menos propenso a extraviarse que colgado del cinto.
Por otra parte, el macheteo y el rebote harán que cualquier accesorio adosado el cuchillo se estropee y desprenda muy pronto, salvo que sólo se le emplee para presumir.

4. Llevar siempre una herramienta de respaldo
Dice Murphy –y dice bien– que si algo es susceptible de fallar, seguramente fallará. Y lo hará en el momento que más se le necesite. Además, ya vimos que un cuchillo con algún grado de especialización deja huecos de usabilidad, sea por voluminoso, por liviano o porque su forma es muy específica.
Si se llevará un cuchillo para machetear, conviene echar una navaja a la bolsa de patrulla o llevarla dentro de un estuche en el cinturón. Al contrario del cuchillo, mientras se trate de una herramienta liviana y manuable, ésta puede tener los accesorios que uno crea convenientes, siempre y cuando el metal y los muelles sean de buena calidad.
En cambio, si se tiene un cuchillo liviano y hay alguna certeza de que se necesitará leñar, desmontar o abrir trocha, antes que abusar de él es mejor comprar en la ferretería un machete corto y colgárselo a la espalda dentro de una funda, o dentro de la mochila envuelto en periódicos. También se tiene la opción de adquirir un hacha de campo o una sierra-cinta de bolsillo, pero sólo servirán para la leña.

5. Dinero, dinero, dinero
¿Cuánto gastar en un cuchillo de campo? ¿Se debe comprar una marca de prestigio, mandarlo forjar o comprar uno barato? También se debe pensar en el costo de la piedra de afilar o la chaira, un estuche seguro para mantener estas herramientas punzocortantes fuera del alcance de los niños, de regreso en casa; la fajilla o cinto de carga, el mantenimiento y a veces hasta la confección de la funda o la vaina... Objetos que sí conviene adquirir de buena calidad desde el principio, a no ser que nuestro hijo esté recién ingresado en el grupo militarizado o esculta y dudemos que vaya a perseverar.
Sinceramente, el primer cuchillo y quizá el segundo no conviene que sean caros, pero tampoco una chuchería que se doble o agriete sólo de verla con fijeza. Los primeros cuchillos se estroperán, extraviarán o romperán en tanto aprendemos a usarlos y cuidarlos; además, es necesario que el campista pruebe varias opciones para luego elegir una herramienta de calidad que se adecue mejor a sus necesidades y que conservará toda la vida.
Para el primer cuchillo, se puede ir a las tiendas de usado y buscar uno que convenga a la talla del usuario. No importa qué tan maltratado se vea, es bueno para nuestro propósito en tanto la empuñadura sea segura, la hoja tenga las características que ya dijimos y el filo esté en buena condición. También se puede ir a los mercados tradicionales y buscar un cuchillo artesanal; al menos en México, éstos se confeccionan con las mismas técnicas y metal que los machetes agrícolas, lo que nos da una herramienta quizá rústica o poco estética, pero resistente al abuso.
Una vez que se aprendió a usar y cuidar el cuchillo –generalmente por las malas experiencias–, lo siguiente es adquirir una herramienta fabricada en serie pero mejor adaptada a nuestras necesidades que los cuchillos «de aprender», sea de una marca con prestigio internacional –mediando una concienzuda investigación, sobre todo en foros de Internet que no se sostengan con propaganda–, o una fabricada por algún metalistero local de buena reputación. Ésta será una adquisición más gravosa que las anteriores, pero si damos en el clavo y aprendimos bien las lecciones, será la última. Si no, siempre queda el recurso de volver a hojear el catálogo y elegir otro modelo, o de plano, encargar la forja de un cuchillo a la medida.

En la siguiente, veremos algunas sugerencias para obtener el máximo rendimiento en durabilidad y servicio de nuestra inversión, así como la manera de evitar estorbos y contratiempos en el uso de nuestra preciada herramienta.


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